Me Gusta Confesar

septiembre 20, 2010

 

Cuando soy conciente de quien soy, me gusta confesar y dentro de las confesiones que quiero hacer cuando se que soy un ser humano, es a que a veces siento miedo, miedo al fracaso, me vuelvo ansioso por el logro y me pongo triste frente a una derrota de las que todos tenemos en el mundo en que vivimos.

Por todas estas cosas siempre trato de estar en Paz con DIOS y  conmigo mismo para derrotar poco a poco las cosas y las presiones por las que pasamos en esta escuela de la vida, donde lo más importante es aprender a levantarse rápidamente en las caídas.

Confieso que estoy en tratamiento para dejar de ser Workholico, porque es mucho el tiempo que  he invertido tratando de lograr lo que hoy estamos viviendo, una empresa que cada día promete más, pero que también demanda más. El principal terapista en este tratamiento soy yo mismo volviéndome conciente de que no es bueno tomar las cosas demasiado en serio ni siquiera la vida misma, pues recordemos  que de ninguna manera saldremos vivos de aquí (vaya uno a saberlo). He dejado de pensar en las cosas que se que es poco probable que ocurran, porque me he angustiado muchas veces pensando que ocurriría lo que jamás ocurrió, me he vuelto hasta honrado, pues he dejado de robarle tiempo a mi familia, trato de disfrutar más con mi familia y mis amigos viviendo el momento porque aunque antes compartía tiempo con ellos a veces mi pensamiento estaba puesto en otra parte y estaba de cuerpo presente y de mente ausente.

El bienestar que todos buscamos viene del deber cumplido y es hermano de los éxitos y de los fracasos, siendo éstos, picos en nuestra vida y siempre pasajeros. Mi bienestar tiene mucho que ver con lo que me enseñó Proverbios 15:1 “La blanda respuesta quita la ira, más la palabra áspera hace subir el furor” he dejado de ser fosforito aunque a veces flaqueo, pero me he dado la oportunidad de suprimir la ira aprendiendo a responder hasta a los agravios con lo que uno tropieza.

Lo que estoy tratando de transmitir a mis queridos lectores, es que la vida no es solo trabajo arduo, seriedad o buenas notas académicas y que un empresario se forja además con todo lo anterior, con principios y valores, fuerza y carácter, donde se practique la humildad, la comprensión y ese respeto por la diferencia. Necesitamos seres humanos que se muestren como humanos no con máscaras donde reír y llorar está prohibido. El llorar y el reír hacen parte de nuestro carácter y nos hacen verdaderamente humanos, démonos esa oportunidad.

Soy conciente que lo bueno y lo malo, lo fácil y lo difícil que los éxitos y los fracasos seguirán existiendo en mi vida pero espero siempre encontrar la Paz con Dios y conmigo mismo, entendiendo que ser empresario hoy, implica además de sacar adelante la empresa que nos fue encomendada, entregarse a toda la gente que nos rodea de manera integra para contribuir a eliminar todos los males que nos aquejan y que poco a veces hacemos para remediarlos.

 

 

Eudoro Román Lemos

 

 

  

 

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